¡Los dos patitos! 20 agosto, 2011
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Veintidós y subiendo. Sorprendente.
Conozco a demasiada gente 20 julio, 2011
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Hace unos días me di cuenta de una cosa. No sé cómo, ni por qué, pero de repente estoy en más círculos sociales (familia, colegas, compañeros de clase, compañeros de cosas que no son clase, viejos amigos, nuevos amigos, amigos de siempre, compañeros de otra clase, viejos compañeros de clase que se convirtieron en amigos con los que perdí el contacto, conocidos por internet en el juego A, conocidos por internet en el juego B, conocidos por internet en el foro C…) de los que soy capaz de manejar. Y todos quieren verme. A menudo.
No sé qué voy a hacer. Enviar dedos por correo está mal visto, ¿verdad?
8 A.M. 26 junio, 2011
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Hoy me desperté a las 8 de la mañana. Hacía meses que no lo hacía (de hecho, está más cerca de las horas a las que me estaba acostando que de las horas a las que me estaba despertando). Una combinación de cansancio arrastrado de San Juan y las Velux abiertas para no cocerme en mi salsa consiguieron lo que la fuerza de voluntad no pudo conseguir. Bravo.
Pequeñas perlas de sabiduría 31 mayo, 2011
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Si alguna vez decidís haceros un té con limón, con mucho limón, con tanto limón que el té pasa a ser una excusa de segundo plano para tomar limonada. Si lo hacéis, digo, por el bien de vuestras papilas gustativas no toméis un trozo de chocolate antes de probar si va bien de azúcar.
En serio, no lo hagáis
Historias de Juzgado de Guardia 25 marzo, 2011
Posted by Zak in Mi vida, Rencor.3 comments
No recuerdo si en algún momento llegué a contar que, durante mi primer año en A Coruña, me robaron la cartera. No me apetece comprobarlo ahora, así que lo voy a contar.
Era el primer fin de semana que no volvía a casa y, de noche, de vuelta al piso, decidí pararme en unos recreativos a jugar al Metal Slug 3. Un rato después, la dependienta, amablemente, me dijo que a ver si podía irme largando porque tenía que cerrar (eran las 23:45), así que me fui.
Según salía, me crucé con dos chavales; uno me hizo unos gestos extraños mientras pasaba a mi lado, así que me quité los cascos y, con mi elocuencia habitual, le dije: “hm?”. Negó con la cabeza y siguió su camino. A mí todo me olía raro, pero pensé que sería un borracho extraño y pasé de todo.
Al menos durante treinta segundos, lo que tardó en entrar en juego mi paranoia. Empecé a comprobar mis bolsillos (algo que hago a menudo, a raíz de haberme dejado de todo en todas partes). No tenía la cartera, acababa de jugar en una recreativa, así que estaba claro que tendría que haber desaparecido entre el momento que empecé a jugar y el chequeo de bolsillos. Volví al salón (los chavales no estaban en ninguna parte) y le pregunté a la señorita si sabía algo de una cartera , me dijo que no y ahí ya me quedó claro que me la habían robado. Volví al piso y ese fin de semana fui a denunciarlo.
Al grano. Mis maravillosas aventuras con la Ley.
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